jueves, 6 de diciembre de 2012

miércoles, 11 de julio de 2012

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? (1ª parte)

Buena pregunta, ¿verdad? Y con solera, pues consta que distinguidos pensadores de la antigüedad clásica, como Aristóteles, ya expresaban preocupaciones similares. No pasa un curso sin que los alumnos planteen este paradigma del razonamiento circular. Y a menudo se quedan sin una respuesta satisfactoria, necesariamente larga para la impaciencia juvenil. Este post pretende subsanar esta omisión y, de paso, arrojar algo de luz sobre algunos malentendidos habituales acerca de la naturaleza de las especies.

Las especies como entidades discretas

Ninguna pregunta es inocente, y la cuestión “¿qué fue antes, el huevo o la gallina?” lleva implícita una suposición muy precisa: que las especies son entidades bien definidas, conjuntos de individuos inequívocamente distinguibles de otros conjuntos similares. Este bicho es una gallina, aquel otro un mirlo y el de más allá una paloma. Sin ambigüedades, sin medias tintas. Una gallina puede diferir de otra, y dos palomas pueden variar ente sí, pero nunca se podrá confundir una gallina con una paloma.
Si se acepta esta premisa, caben dos alternativas, y cada una nos conducirá a una respuesta (o a un intento de respuesta) diferente:

Alternativa 1. Cada especie, entre ellas la especie “gallina”, ha sido creada de forma independiente por algún tipo de entidad inteligente.


En este caso podría tener sentido preguntase si ese “creador” originó un huevo del que salió una gallina o si creó una gallina que puso huevos. Pero, lamentablemente, no habría forma, salvo por la fe o la opinión personal, de decidir entre una u otra posibilidad.
Huelga decir que esta alternativa está por completo fuera del ámbito de la ciencia.

Alternativa 2. Las especies han evolucionado unas a partir de otras, de modo que la especie “gallina” se formó a partir de otra especie a la que llamaremos “pre-gallina”.


Podríamos avanzar ya una respuesta rapidita: antes de que hubiera gallinas había pre-gallinas, así como muchas otras especies de aves y reptiles que se reproducían mediante huevos, con su cáscara y todo. En conclusión, el huevo precedió a la gallina.
¿Cómorrr...?
Vale, hemos hecho trampa. La respuesta puede ser formalmente correcta, pero seguramente no es la que el lector esperaba. ¿A qué viene meter aquí huevos de pre-gallina o de pterosaurio, si a eso vamos? Lo que en el fondo teníamos en la cabeza, la verdadera pregunta que queremos que nos contesten de una vez, es:
¿Qué fue antes, la gallina o el huevo de gallina?
El matiz puede parecer sutil, pero es crucial. Podemos intentar entenderlo mediante un esquema como el siguiente:


A la izquierda, una pre-gallina, representada como un ave de color morado, pone un huevo del que sale su hija. Al cabo de unos pocos meses la hija pone un huevo que eclosiona y trae al mundo a la nieta, la cual, huevo mediante, alumbrará a la bisnieta, y así sucesivamente. Puesto que estamos aceptando que las especies son entidades perfectamente definidas, necesariamente habremos de concluir que, como resultado de alguna mutación, cierta pre-gallina habría puesto un huevo (llamémosle el huevo H) del que salió una gallina; esto es, un individuo de una especie distinta a la de sus padres, a la que representamos de color amarillo.
Muy bien. Pero ahora, para poder responder a la pregunta de marras, tendremos que contestar previamente a otra: ¿qué diantres es un huevo de gallina? Y con ella nos adentramos en el pantanoso terreno de la semántica:
  • Si definimos “huevo de gallina” como un huevo puesto por una gallina, entonces el huevo H era un huevo de pre-gallina del que, sin embargo, salió una gallina, por lo que la respuesta al enigma sería: primero, la gallina.
  • Pero si definimos “huevo de gallina” como un huevo del que salen gallinas, entonces el huevo H sería un huevo de gallina, aunque lo hubiera puesto una pre-gallina, y la solución al dilema sería: primero, el huevo.

Por supuesto, hoy en día los huevos de gallina son huevos puestos por gallinas y además huevos de los que (si todo va bien y nadie se los come) salen gallinas. Son las dos cosas a la vez. El análisis anterior parece dar a entender que hubo una ocasión en que un huevo de gallina tenía una de las dos propiedades, pero no la otra.
Y como tendremos oportunidad de comprobar en breve, dicha conclusión no podría estar más equivocada.